Patrimonio Natural

Patrimonio Natural

GEOLOGÍA Y RELIEVE

La comarca natural de la Ribera de Saldaña, junto con las de Valdavia-Cueza y Ojeda-Boedo, forman la unidad morfoestructural denominada Plataforma Detrítica, nexo de unión entre el sector centro-occidental de la Montaña Palentina y las llanuras de Tierra de Campos.

Cárcavas de La Morterona desde el Camino de San Juan

Dicha plataforma está integrada por los páramos detríticos y las terrazas fluviales, y presenta una ligera pendiente en sentido norte-sur, que oscila desde los 1.100/800 metros de altitud hasta desaparecer poco a poco a medida que entra en contacto con las campiñas arcillosas del sur.

Al ser su origen el transporte fluvial desde las cordilleras próximas, sus materiales están formados por un canturral detrítico, poco calibrado y mal redondeado, embutido en una matriz arcillo-arenosa de color rojizo. Cantos de cuarcita con un tamaño que puede superar los 20-30 centímetros, o presentar una granulometría mucho menor en las más recientes terrazas fluviales.

FLORA Y FAUNA

Con estas características, la vegetación potencial dominante consistiría en extensos bosques de roble melojo junto con pequeñas manchas de encinas y algún quejigo en las zonas de solana y de mayor aridez. A todo ello habría que añadir los extensos bosques de la ribera del Carrión y sus afluentes y la vegetación de las zonas húmedas asociadas a estos cursos.

Sin embargo, las talas continuadas, los incendios, el exceso de ganado y las roturaciones del monte para uso agrícola, junto con las recientes repoblaciones forestales, los nuevos cultivos, el encauzamiento de cursos fluviales, etc., han transformado en gran medida con el paso del tiempo la vegetación natural de la comarca.

Las grandes masas de roble melojo se han visto sustituidas en su mayor parte por rebollares, es decir, montes bajos y densos de la misma especie, generalmente de menos de diez metros de altura, entre los que aún podemos encontrar alguna mancha de robledal maduro con un porte mayor. En el interior de estos montes y sobre todo en sus bordes podemos localizar lianas trepadoras como hiedras y madreselvas, helechos, hiniesta negra, endrinos, majuelos, rosales silvestres, salvia, cantueso, gamones, peonías, jaras,… y sobre todo brezos.

En las inmediaciones de Saldaña aún podemos contemplar montes de roble melojo en un relativo buen estado de conservación, como el existente en las inmediaciones del Caserío de Villaires o el ubicado en las cercanías del Santuario de la Virgen del Valle (Valdemenoldo).

Los antiguos encinares hoy ha quedado reducidos a sardones formados por arbustos densos y achaparrados, ubicados en zonas de difícil acceso, como los que aún perviven sobre las pendientes laderas del páramo de Valdavina (entre Saldaña y Valcabadillo), conviviendo con matas de roble rebollo, brezos, jaras, endrinos, tomillos, cantueso, escobas, etc.

Sin embargo, si algo caracteriza a los entornos de la Ribera de Saldaña son los amplios pinares. Fruto de extensas repoblaciones iniciadas en la década de los 60, y cuya finalidad principal es la regeneración de suelos y su protección contra la erosión en laderas y cárcavas. Las especies más empleadas fueron el pino silvestre, el pino pudio y el pino negral. Como consecuencia de aquellas repoblaciones, hoy encontramos extensos pinares, con ejemplares que superan los once metros de altura. En los claros y bordes de éstos, proliferan los brotes de roble rebollo, brezos, majuelos, endrinos, helechos, rosales silvestres, etc.

Pinar de La Morterona

Buenos ejemplos de estos pinares los encontramos en los páramos y cárcavas que delimitan Saldaña, llegando incluso casi hasta el mismo casco urbano.

Estas masas forestales destacan también por su gran riqueza micológica. En los rebollares claros son frecuentes los hongos comestibles como varias especies de boletos, rebozuelos y amanita de los césares. Pero es en los pinares donde se han llegado a inventariar hasta doscientas especies, destacando las apreciadas setas de los caballeros, de pie azul, negrilla, los boletos, y sobre todo los níscalos.

Aunque menos llamativa que la anterior, no debemos olvidar la vegetación característica existente en las amplias cuestas y cárcavas que descienden desde los páramos. Destaca por su gran interés botánico y ecológico, dada su variedad florística y su papel fundamental en la fijación del terreno frente a la erosión. En muchos casos ocupa sectores antes cubiertos por encinas y robles y está compuesta por el chucarro, tomillos, botoneras, tamarillas, linos, etc.

Estos montes de los páramos y laderas, junto con las tierras de labor de los alrededores, son buenos observatorios para contemplar la presencia ocasional de lobos y corzos junto con los más abundantes jabalíes, gato montés, zorros, ardollas, liebres y conejos, o aves como las perdices, codornices, palomas torcaces, tórtolas, ratoneros, gavilanes, aguiluchos cenizos y pálidos, cernícalos, mochuelos, arrendajos, pico picapinos, y una amplia variedad de pequeñas aves como carboneros, herrerillos, reyezuelos, mitos…

Junto a los pinares, son amplios los bosques de ribera los que definen el paisaje natural de esta comarca. El bosque ribereño originario ha sido en gran parte destruido, sin embargo aún persisten ciertos sectores bien conservados. Este tramo medio del Carrión se caracteriza por la presencia de bosques de alisos. Precisamente para algunos autores, el nombre del río “Flumine Carrio” en documentos latinos parece derivar del término “carrio” o “carr” que significa aliseda y avenida de agua en lengua céltica occidental.

Son bosques frescos y sombríos, con suelos inundados buena parte del año. Junto a los alisos crecen abedules, chopos, álamos, olmos, fresnos, salgueras, mundillos, saúcos, zarzales, rosaledas, majuelos, endrinos, lúpulo, madreselvas, robles rebollos, juncos, menta, cola de caballo, nueza, etc.

En estas alisedas es frecuente encontrar áreas turbosas y pequeños humedales donde proliferan los carrizos, las espadañas y varias especies de juncos.

Quzás los tramos mejor conservados del bosque de ribera se encuentran junto a Saldaña, destacando los de Valdavina (entre Saldaña y Valcavadillo) y La Verdera (que se extiende entre Saldaña y Lobera).

A pesar de ser la vegetación natural de este tramo medio del Carrión, desde hace unos años lo que define paisajísticamente a la ribera de Saldaña son las crecientes plantaciones de chopos, que poco a poco han ido fragmentando las alisedas. Cultivos que se extienden por riberas y sotos del río y sus arroyos, y donde el antiguo chopo lombardo ha sido sustituido por especies híbridas clonadas dado su mayor rendimiento maderero.

Peor suerte han corrido las olmedas, “los negrillos”, antes muy abundantes en los entornos de los pueblos por ser su madera muy apreciada y hoy reducidas a pequeños arbustos por la grafiosis.

Entre esta vegetación de la ribera de Saldaña vuelan las garzas reales, cigüeñas, ánades reales, pollas de agua, andarríos, cucos, oropéndolas, mirlos, chochines, ruiseñores, pinzones, pito real, lavanderas, mosquiteros… En sus aguas una amplia variedad e invertebrados son la base en la alimentación de varias especies de peces, entre los que destaca la trucha, con una interesante población, junto con barbos, bogas, cachos, bermejuelas y gobios. Fauna que se completa con las incursiones esporádicas en sus aguas de las nutrias y una amplia variedad de anfibios y reptiles en las zonas húmedas asociadas a estos cursos. Sin embargo de sus aguas hace años que ha desaparecido el tan apreciado cangrejo de río.